Después de visitar el lugar más romántico de la ciudad, quiero llevarte de paseo hasta Plaza de las hierbas, para mí, la más bonita de Verona. Continúa con #disfrutamiruta y descubre su milenaria historia.
Qué vas a encontrar en este artículo
TogglePLAZA DEL MERCADO DE LAS HIERBAS.
Si tuviera que definir la Piazza delle Erbe, diría que es alegre, bulliciosa, enigmática, antigua, concurrida y bella, sobre todo bella… Me encanta este lugar y la energía que transmite. Quizá esa vibración se deba a que siempre ha sido el centro de todo: aquí se ubicaba el antiguo Foro Romano y, durante siglos, ha sido el motor comercial de Verona.

Supongo que ya habrás deducido por su intuitivo nombre que aquí había un mercado donde se vendían hierbas y especias, aunque en mi opinión, el nombre se queda corto. ¡En la Plaza de las Hierbas siempre se ha vendido de todo! Orfebres, artesanos, cambistas, peleteros… todos tenían su lugar fijo en este mercado.
Hoy, en pleno siglo XXI, la esencia sigue viva entre puestos de artesanía, souvenirs, comida y, cómo no, los incombustibles palos selfie.
CASA MAZZANTI
Quizá no es la opción más común, pero mi lugar favorito en Piazza Erbe es Casa Mazzanti. Me resulta un edificio enigmático y diferente y es ese misticismo de su fachada, lo que me realmente me encanta.

Durante el Cinquecento, llegó a Verona una auténtica ola de color. Los ricos vistieron las fachadas de sus palacios con frescos de colores vivos que embellecían la ciudad y, de paso, destacaban la importancia de sus poderosos habitantes. Había tantas casas decoradas así que Verona fue conocida en toda Europa como la Urbs Picta (la ciudad pintada).
Los frescos que puedes ver en la fachada Mazzanti son obra de Alberto Cavalli y representan escenas mitológicas y alegorías que a día de hoy se consideran un tesoro nacional.

Me imagino que pasear por aquí en aquella época debía ser como caminar por un museo al aire libre. ¡Esa idea pionera de street art veronés me vuelve loca!
Grafiteros del Renacimiento, ¡me habéis conquistado!
Sin embargo, para conocer de verdad este edificio, hay que mirar más allá del lujo. La parte de atrás de las Casas Mazzanti no tiene nada que ver con la glamurosa fachada principal; es un rincón mucho más sobrio, pero imprescindible para entender el espíritu de esta ciudad.

En este lugar, el pueblo de Verona, harto de la ocupación francesa, decidió que ya era suficiente y se sublevó en una rebelión sangrienta y valiente. Este acontecimiento se conoce como las Pascuas Veronesas (Pasqua Veronese), ya que estalló un 17 de abril de 1797, justo después de las fiestas de Pascua.
Me fascina pensar que tras esos frescos tan delicados y artísticos se esconde la huella de un pueblo que no se dejó pisotear.
FUENTE DE LA MADONNA VERONA: EL SÍMBOLO DE LA CIUDAD
Está claro que en la Piazza delle Erbe hay mucho que ver, pero no podemos pasar por alto uno de los símbolos más potentes para los veroneses: la Madonna Verona. Lo que a simple vista parece «solo» una fuente ornamental, tiene una carga simbólica y política brutal. ¡Vamos a descubrir por qué!
Se construyó en 1368 por deseo del poderoso Cansignorio della Scala. Este hombre no daba puntada sin hilo y quería un monumento que gritara al mundo la fuerza y la historia de Verona. Supongo que Cansignorio decidió que fuera una fuente para celebrar su gran logro de ingeniería: consiguió que el antiguo acueducto romano volviera a llevar agua desde el pequeño río Lorì (en las colinas de Avesa) hasta el corazón de la ciudad.
Además, el gobernante eligió sabiamente dónde colocarla. No había sitio mejor para reflejar el poder que el mismo lugar donde estuvo el Foro Romano. Para dotar a la fuente de «autoridad», adornó el pilar con las caras de los reyes y figuras que dieron forma a la ciudad, incluido el mítico Rey Vero, el legendario fundador de Verona.
LA MADONNA: LA REINA DE LA PLAZA
Como pieza clave del monumento obviamente la querida madonna. Esta talla es una de las piezas más antiguas de la ciudad y se creé que en época romana fué una de las esculturas que adornaba el Capitolio. Se encontró en unas excavaciones y aunque había perdido la cabeza y los brazos fue restaurada junto con la pila de la fuente, que es también un hallazgo romano.
Sobre sus góticas manos la Madonna lleva un rollo con el lema de la ciudad Est iusti latrix urbs haec laudis amatrix, o lo que es lo mismo, A esta ciudad portadora de justicia y amante del elogio. También lleva una corona de reina, por que ella es La Gran Domina que representa la esencia de la ciudad, su longevidad, fuerza fortaleza y también delicadeza. En este sentido ¡bravo por Consignoro! que consiguió que este monumento fuera todo lo que él deseó.
TORRE LAMBERTI: TOCANDO EL CIELO DE VERONA
Si después de tanto patear monumentos desde abajo te apetece sentirte como un auténtico halcón veronés, tienes que subir a la Torre dei Lamberti. Con sus 84 metros de altura, es la construcción más alta de la ciudad y te aseguro que las vistas desde arriba son de otro planeta.
Su construcción empezó allá por el año 1172 por encargo de la familia Lamberti. Como todos los nobles de aquella época, querían dejar muy claro quién mandaba en la ciudad teniendo la torre más imponente. Pero la pobre torre ha pasado por mil batallas. En el año 1403 le cayó un rayo que se cargó la parte superior y se pasó casi medio siglo decapitada hasta que la restauraron con ese estilo tan característico que vemos hoy, mezclando el ladrillo rojo con el mármol blanco.
LAS CAMPANAS QUE HABLAN AL PUEBLO
Lo que más me fascina de este lugar es que sus campanas tienen nombre propio y una función muy clara. La pequeña se llama Marangona y era la encargada de avisar de los incendios o de dar la señal a los artesanos de que ya era hora de dejar de trabajar.
La grande se conoce como Rengo y esa era la que de verdad imponía respeto, porque convocaba al consejo municipal o llamaba a todo el mundo a las armas cuando la ciudad estaba en peligro.
¿CÓMO SUBIR A LA TORRE DEI LAMBERTI?
Subir a la Torre dei Lamberti es un planazo que no te puedes saltar, pero mejor si sabes a qué te enfrentas antes de empezar. Tienes exactamente 368 escalones esperándote. Si te has pasado con el gelato y quieres quemarlo, dale caña a las piernas. Es la forma más auténtica de sentir la historia del edificio y te aseguro que el esfuerzo merece la pena.
Antes de que entres en pánico pensando en los 368 escalones debo confesarte que hay un ascensor transparente que te sube hasta arriba en un suspiro. No solo te ahorra el sudor y el cansancio, sino que las fotos desde la cabina mientras subes por el hueco central de la torre son un espectáculo por sí solas. Es la opción ganadora si viajas con la Verona Card, ya que solo tienes que pagar un suplemento de 1€ para utilizarlo y plantarte en la cima sin despeinarte.
Una vez arriba, la recompensa es brutal y te hará olvidar cualquier esfuerzo. La Piazza delle Erbe parece una maqueta de juguete bajo tus pies y tienes una panorámica de 360 grados de toda Verona. Desde esta altura verás el río Adigio serpenteando la ciudad, el mar de tejados rojos y las montañas al fondo. Es, sin ninguna duda, el mejor mirador de la ciudad y una experiencia que te recomiendo cien por cien.
| CONCEPTO | DETALLES ÚTILES PARA TU VISITA |
| VALORACIÓN #DISFRUTAMIRUTA | 9 de 10: Totalmente imprescindible. |
| TIEMPO ESTIMADO | 30 minutos para disfrutar de las vistas con calma. |
| ESFUERZO | 368 escalones o el ascensor transparente, tú eliges. |
| PRECIO ENTRADA | 6€ y recuerda que ya te incluye el museo de arte moderno. |
| CON VERONA CARD | Gratis aunque pagas un suplemento de 1€ por el ascensor. |
EL SÚPER TIP RUTERO: TU ENTRADA ES UN 2X1
Si vas a subir a la Torre dei Lamberti, tengo un regalo para ti que muchos turistas despistados dejan pasar. Tu entrada no sirve solo para disfrutar de Verona desde las alturas, sino que es un ticket combinado por defecto. Esto significa que por el mismo precio tienes incluida la visita a la Galería de Arte Moderno Achille Forti, que se encuentra en el mismo edificio del Palazzo della Ragione.
Si ya te has hecho con la Verona Card, ambas visitas están incluidas totalmente gratis.
No te vayas de la torre sin asomarte al museo. El contraste entre las obras modernas y las paredes medievales de la Sala de los Notarios es una auténtica pasada que merece mucho la pena. ¡Aprovecha el doblete y exprime tu entrada al máximo!
TORRE GARDELLO: EL PRIMER «RELOJ INTELIGENTE» DE VERONA
Lo que de verdad hace especial a esta torre es que en el año 1370 albergó uno de los primeros relojes mecánicos de campana de toda Europa. Fue una auténtica revolución tecnológica para la época. Imagínate el impacto que tuvo para los veroneses del siglo XIV empezar a medir el tiempo de forma automática y no por la posición del sol. Como dato curioso te diré que la campana original pesaba más de ¡1.800 kilos!.
Hoy esa mole de bronce descansa en el Museo de Castelvecchio, pero la torre sigue ahí como un recordatorio de que Verona siempre ha sabido ir un paso por delante.
COLUMNA DE SAN MARCOS.
A pocos pasos de la torre se encuentra la Columna de San Marcos, coronada por ese león alado que parece vigilar todo lo que ocurre en el mercado. Este monumento es el rastro que dejó la República de Venecia cuando se anexionó Verona en el año 1405.
Básicamente, los venecianos llegaron y pusieron su «logo» en el sitio más concurrido para que a nadie se le olvidara quién mandaba.
Pero lo mejor de esta columna es su historial de guerra. Durante la ocupación francesa de 1797, los soldados de Napoleón la destrozaron pero el pueblo veronés,con mucho orgullo, colocó una réplica en su lugar 90 años después.
Tip Disfrutamiruta: fíjate en la mirada del león porque, después de todo lo que ha pasado, parece que se está riendo de los turistas que pasan por debajo.
LA BERLINA DE VERONA: EL DETECTOR DE TRAMPOSOS
Si caminas hacia el centro de la plaza, te toparás con una especie de kiosco de piedra del siglo XIII que parece sacado de una película de caballeros. Los turistas solemos usarlo para hacernos fotos graciosas simulando ser prisioneros, pero te aseguro que hace setecientos años este lugar no tenía ninguna gracia. Su nombre oficial es Capitello y era el auténtico centro de control del mercado.
Este lugar servía para dos cosas fundamentales que mantenían la plaza a raya. Por un lado, era el punto anti-estafas oficial de Verona. Si te fijas en sus columnas de mármol, verás grabadas las antiguas medidas de la ciudad. Aquí los inspectores comprobaban que nadie diera gato por liebre con el tamaño de las telas o los sacos de grano. Era la forma que tenían los veroneses de asegurar que el comercio fuera justo y que ningún mercader listo se pasara de la raya con los pesos.
Por otro lado, la Berlina funcionaba como picota o cepo para el castigo público. Si un comerciante era pillado haciendo trampas o alguien cometía un delito menor, se le encadenaba aquí mismo para que todo el pueblo lo viera. La humillación era total mientras los vecinos le abucheaban o le lanzaban verduras podridas del mercado. En definitiva, era el rincón donde se pagaban las deudas y las mentiras de la Verona medieval.
LA CASA DEI MERCANTI: EL WALL STREET DE LA EDAD MEDIA
Tras las risas y las fotos en la Berlina, tienes que fijarte en el edificio que impone su ley en la esquina con la Vía Pellicciai: la Domus Mercatorum o Casa de los Mercaderes. Si la Piazza delle Erbe era el corazón de Verona, este edificio era el cerebro que hacía que todo funcionara.
Su historia es fascinante. Aunque originalmente era de madera, fue el poderoso Alberto I della Scala quien mandó construirla en piedra y ladrillo en el año 1301. Su objetivo era claro: dar un hogar digno a los gremios de artesanos y comerciantes para que pudieran discutir sus negocios a cubierto. Aquí se tomaban las decisiones importantes sobre los precios, se controlaba la calidad de las mercancías y se resolvían las disputas entre mercaderes. Era, literalmente, el motor económico que convirtió a Verona en una potencia comercial.
Lo que más me gusta de su fachada es ese aire de fortaleza que tiene. Fíjate en los «dientes» que coronan el tejado: son los famosos merlones gibelinos con forma de cola de golondrina. Aunque parezca que siempre han estado ahí, tienen truco. A finales del siglo XIX se hizo una restauración profunda para devolverle su gloria medieval y se añadieron estos detalles para que el edificio luciera más imponente. En mi opinión, el resultado es fantástico porque hoy, más de setecientos años después, sigue albergando la Cámara de Comercio de la ciudad. ¡Eso es mantener la tradición y lo demás son tonterías!
ARCO DE LA COSTA, ENTRE MARKETING Y LEYENDA.
Camino a la siguiente parada de nuestra guía, la Piazza dei Signori, vas a cruzar bajo un arco que esconde una de las historias más locas de la ciudad. Se trata del Arco de la Costa, un pasaje que une el Palazzo della Ragione con la Domus Nova y del que cuelga, desde hace siglos,una costilla gigante.
Si quieres saber que hace esta costilla ahí colgada, coge palomitas y sigue leyendo, que la historia tiene varias versiones a cual más sorprendente…
1. LA LEYENDA DE LA COSTOLA DEL DIAVOLO
Esta es la historia que se contaba en las tabernas medievales para reafirmar la fe del pueblo. Según la tradición popular, este hueso oscuro y rugoso no es de este mundo, sino que se trata de una costilla auténtica del diablo. Se dice que Satán intentó entrar en la ciudad para sembrar el caos, pero al cruzar este arco, la propia santidad de Verona lo expulsó con tal fuerza que se dejó parte de su esqueleto por el camino.
Los ciudadanos, en lugar de enterrar el resto demoníaco, decidieron colgarlo a la vista de todos como un trofeo de victoria. Era un mensaje directo y muy visual: en esta ciudad el mal no tiene poder y acaba derrotado. Por eso, durante siglos, muchos cruzaban el arco haciendo la señal de la cruz o mirando al suelo, convencidos de que estaban pasando bajo un resto del mismísimo infierno.
2. EL TEST DE LA HONESTIDAD
Esta leyenda es la más famosa y la que más «zascas» ha repartido en la historia de Verona. La creencia asegura que el hueso posee una especie de conciencia propia y que caerá sobre la primera persona totalmente pura y honesta que camine bajo el arco.
Lo divertido de esta historia es el lugar donde ocurre. El Arco de la Costa une los antiguos tribunales y los jueces con la residencia de los magistrados. Esto significa que, durante siglos, los hombres que impartían justicia en Verona tenían que pasar por debajo.
Ni los jueces más ilustres, ni los Papas que visitaron la ciudad, ni los reyes de Italia han conseguido que el hueso se mueva. Es la forma que tiene Verona de recordarnos que la honestidad absoluta es casi un mito.
3. LA VERDADERA HISTORIA DE LA COSTA: PURO MARKETING MEDIEVAL
Si dejamos a un lado las leyendas la realidad es puro ingenio comercial medieval. Resulta que este misterioso hueso pertenece a una ballena. Te preguntarás qué hace una costilla de ballena en una ciudad de interior como Verona y la respuesta es más lógica de lo que parece.
En épocas pasadas casi nadie sabía leer ni escribir, así que los comerciantes usaban símbolos visuales para identificar sus negocios. Justo debajo del arco se encontraba la Spezieria del Leone, una antigua botica que vendía polvo de hueso de ballena como remedio milagroso para mil enfermedades.
Colgar la costilla real era la mejor campaña de publicidad de la época. Servía para asegurar a los clientes que allí vendían el producto auténtico y de mejor calidad. Una estrategia de marketing que ha funcionado tan bien que, cientos de años después, seguimos hablando de ella.
Verona tiene mil caras, pero Piazza delle Erbe es, sin duda, la que mejor guarda su alma. Espero que ahora, cuando cruces bajo el hueso de la ballena o mires los frescos de las Casas Mazzanti, sientas que conoces un poquito más los secretos que estas piedras llevan siglos susurrando.
Pero no guardes todavía el mapa, porque la ruta continúa. Solo tenemos que cruzar el Arco de la Costa para cambiar de tercio y plantarnos en la Piazza dei Signori, el rincón más elegante y señorial de la ciudad donde Dante Alighieri nos está esperando.
Cuéntame en los comentarios cuál ha sido tu rincón favorito de la plaza o qué curiosidad te ha dejado más loca. ¡Te leo siempre!
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